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Dos décadas de silencio: acoso sexual y poder político en Japón expuestos

Los avances en la investigación contra el exgobernador de la prefectura japonesa de Fukui, Tatsuji Sugimoto, han dejado al

Dos décadas de silencio: acoso sexual y poder político en Japón expuestos

Los avances en la investigación contra el exgobernador de la prefectura japonesa de Fukui, Tatsuji Sugimoto, han dejado al descubierto una trama de abuso de poder que durante décadas permaneció oculta bajo el peso de la jerarquía política. Este miércoles, medios japoneses hicieron públicos nuevos hallazgos que confirman un patrón sistemático de acoso sexual ejercido desde el cargo público.

Sugimoto renunció a su puesto el 4 de diciembre, luego de que salieran a la luz denuncias por el envío reiterado de mensajes con contenido sexual a trabajadoras de su administración. El exmandatario admitió haber enviado dichos mensajes y ofreció disculpas públicas a quienes, según sus palabras, “pudieron haber resultado afectadas”. Sin embargo, el alcance de la investigación sugiere que el daño va mucho más allá de una disculpa tardía.

De acuerdo con el informe oficial, durante más de 20 años, Sugimoto habría enviado contenido electrónico de índole sexual a al menos cuatro servidoras públicas, aprovechando su posición de poder y la relación de subordinación laboral. La investigación documenta cerca de mil mensajes con insinuaciones explícitas, solicitudes inapropiadas y exigencias de confidencialidad, un elemento que refuerza la intención de ocultar las conductas y perpetuar la impunidad.

El caso revela fallas profundas dentro de las estructuras institucionales japonesas, donde el respeto a la autoridad y el temor a represalias suelen convertirse en barreras para la denuncia. Que este comportamiento se haya prolongado por dos décadas evidencia no solo la responsabilidad individual del exgobernador, sino también la omisión de los sistemas de control y protección al interior del gobierno local.

Aunque la renuncia de Sugimoto marca un punto de quiebre, el escándalo plantea una pregunta incómoda: ¿cuántos casos similares siguen sin denunciarse? La respuesta no está solo en sancionar al responsable, sino en transformar las instituciones que permitieron que el abuso fuera, durante años, una práctica tolerada en silencio.

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Alexander Texis

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