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Crisis humanitaria crece en Guerrero ante expansión violenta del grupo Los Ardillos

En la Montaña de Guerrero ya no solo se huye de las balas. Ahora también se corre de drones,

Crisis humanitaria crece en Guerrero ante expansión violenta del grupo Los Ardillos

En la Montaña de Guerrero ya no solo se huye de las balas. Ahora también se corre de drones, explosiones y grupos criminales que han logrado convertir comunidades enteras en territorios sitiados ante la incapacidad del Estado para recuperar el control.

La violencia atribuida a “Los Ardillos” volvió a golpear a Chilapa y comunidades nahuas como Tula, Xicotlán y Acahuehuetlán, donde cientos de familias abandonaron sus hogares tras días de ataques armados e incursiones criminales. Habitantes denuncian que el grupo utiliza drones para lanzar explosivos sobre viviendas y zonas donde permanecen refugiadas personas desplazadas, una escena que parece más cercana a un conflicto de guerra que a un problema de seguridad pública.

Mientras pobladores buscan refugio improvisado en iglesias, escuelas y casas prestadas, el gobierno federal reaccionó anunciando apoyo para las comunidades afectadas. Durante la conferencia matutina del 11 de mayo, la presidenta Claudia Sheinbaum instruyó a la Guardia Nacional reforzar su presencia en Chilapa y brindar protección a las familias desplazadas.

Sin embargo, el anuncio llegó tarde para comunidades que desde hace años denuncian abandono, amenazas y expansión del crimen organizado. Peor aún: tras el posicionamiento federal, habitantes reportaron que el asedio recrudeció con nuevas incursiones armadas y ataques con drones.

La escena exhibe una realidad incómoda para cualquier gobierno: grupos criminales operando con suficiente capacidad para desplazar pueblos completos mientras las autoridades apenas intentan contener la crisis. En Guerrero, el problema ya no es únicamente el narcotráfico; es la pérdida progresiva del control territorial y el miedo cotidiano convertido en forma de vida.

Organizaciones comunitarias han advertido que muchas familias siguen atrapadas entre cerros, sin alimentos suficientes ni condiciones seguras para regresar. Mientras tanto, los operativos oficiales continúan siendo reactivos y temporales.

Chilapa refleja hoy una de las caras más graves de la violencia en México: comunidades indígenas desplazadas, drones utilizados como armas y un Estado que sigue llegando después del desastre.

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Alexander Texis

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